Sunday, October 24, 2010

36 Hours In Venice...

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As it sometimes happens when one travels for work, I was in Venice and I didn't see the Piazza San Marco, the Bridge of Rialto, the Bridge of Sighs, the Palazzo Grassi or Santa Maria della Salute, I haven't been to the Caffè Florian or to Harry's Bar... all I saw were a few streets and small canals between the Largo Santissimi Giovanni e Paolo and the Campello Santa Maria Nova. We went there to shoot a catalog, spent he whole day working and were taken back to our hotel, which used to be a monastery on a tiny island between La Guidecca and Il Lido, and in a way it was a little absurd, almost as if the city was just a backdrop for the pictures and we hadn't really been there.

Other hand it's just as good, because I hadn't even been in Venice and I always thought that the day I would go it would be for some special and romantic reason (yes, sometimes I have funny ideas like that). But I must say that the little I saw during the day and on our boat trips from and back to the airport made a strange impression on me. Of beauty, of course, and decay, and wonder at how would anybody in their right mind want to live in a house which front door is at a hand's breadth from the water. The feeling I had was of uncertainty - even the paved streets don't feel like dry land (they're not), but as if walking in a drifting barge - as if the buildings were slowly crumbling, with their peeling stucco and staircases immersed in the greenish water of the canals, but also a feeling that the very fact of falling apart for hundreds of years was the secret of the city's longevity.

Because in reality what does permanence mean, and does it matter at all? In some billions of years the earth won't exist anymore, and much before that all the things that we care for or hold for sacred (Venice among them, and art, and philosophy, and love, and the smell of coffee in the morning) will have disappeared with our race. So, well, I guess what I'm trying to say is this: this is the present and it's what we have, so let's enjoy it as much as we can, e domani si vedrà.



Como a veces sucede cuando se viaja por trabajo, estuve en Venecia y no he visto la Piazza San Marco, el puente de Rialto, el puente de los suspiros, el Palazzo Grassi o Santa Maria della Salute, no fui al Caffè Florian ni a Harry's Bar... todo lo que vi fueron unas callecitas y canales entre el Largo Santissimi Giovanni e Paolo y el Campello Santa Maria Nova. Fuimos a hacer las fotos de un catálogo, nos pasamos el día trabajando y nos llevaron de vuelta al hotel, un antiguo monasterio en una islita entre La Guidecca y el Lido, así que fue un poco absurdo, casi como si la cuidad solo fuera un decorado para las fotos y no hubiéramos estado allí realmente.

Por otra parte casi mejor, porque no conocía Venecia y siempre pensé que el día que iría sería por alguna razón especial y romántica (si, a veces tengo estas ocurrencias). Pero debo decir que lo poco que vi durante el día y en los viajes en barco desde el aeropuerto y de vuelta me causó una extraña impresión. De belleza, por supuesto, y de decadencia, y asombro que alguien en su sano juicio quisiera vivir en una casa cuya puerta está a un escaso palmo del agua. La sensación era de incertitud - inclusa las calles pavimentadas no parecen tierra firme (no lo son), sino como si se andara sobre una balsa a la deriva - como si los edificios se estuvieran desmoronando lentamente, con su estuco pelado y sus escaleras inmersas en el agua verdosa de los canales, pero también la sensación que el mismo hecho de caerse a pedazos durante siglos era el secreto de la longevidad de la cuidad.

¿Porque en realidad qué significa la permanencia, y realmente importa? En unos billones de años la tierra dejará de existir, y mucho antes de eso todo lo que amamos o tenemos por sagrado (la misma Venecia, y el arte, y la filosofía, y el amor, y el olor del café por la mañana) habrá desaparecido con nuestra raza. Así que, bueno, supongo que lo que intento decir es esto: esto es el presente y es lo que tenemos, así que disfrutémoslo todo lo que podamos, e domani si vedrà.

7 comments:

Lucio said...

qué chulo!. No he estado en Venecia pero la verdad es que ahora mismo no me apetece mucho ir la verdad. Creo que no soportaría esa incertidumbre diaria de estar flotando en una balsa.

Zepequeña said...

Me recuerda a la epoca en la que yo viajaba por trabajo... Tantos sitios y tan poco vistos...

Zepequeña.

Gratis total said...

yo he estado en venecia, y me encantó esa misma sensación efímera, esa decadencia,y esa pinta de decorado de teatro que tiene todo!

Di said...

Yo nunca he estado pero tu descripción ha hecho que tenga más ganas que nunca de ir (y no es ninguna ocurrencia lo de ir en una escapada romántica, el que niegue haber tenido ese pensamiento es un mentiroso)

Mandrágora said...

Amo Venecia, en Invierno es maravillosa, con toda la neblina inundando la ciudad y dejando todas las luces difuminadas y hace que parezca un sueño completamente. Además es una ciudad que no comprendes hasta que no estas dentro.

Bluess Swing said...

Preciosa y romántica Venezia, pero me pasa como a ti, no conjugo con las ciudades con tanta agua, me sucede lo mismo con Amsterdam.
Venezia además es tan decadente, que necesita de penumbra, es como una hermosa mujer en su madurez que teme a la luz directa del sol. Escápate de nuevo y disfruta de todo eso que no has visto. Callejea y visita Galerías de Arte, entra en la Basílica de la Pza. S.Marco, seguro que se te ponen los pelos de punta. Venezia en si es una obra de Arte, eso sí, muy efímera!!!
Besitos.

Sr Q said...

Dicen los de Venecia lo mismo que los de Ibiza: "por favor, que llegue de una vez el puto invierno"

Pilgrim, te ha quedado un post tan Lagerfeld, me ha encantado este discurso realista.